El México de López Obrador va hacia un gobierno con un presidente fuerte y un Estado débil: Denise Dresser.

Durante sus primeros cinco meses, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el primero de izquierda en México, ha intentado diferenciarse de las administraciones anteriores con un «torbellino» de cambios audaces, modificaciones constitucionales y reformas que han desmantelado muchos de los controles y equilibrios que los reformadores de México han luchado por construir, consideró la analista política Denise Dresser.

En un artículo para la revista Foreign Affairs, titulado ‘El nuevo presidente de México hace retroceder el reloj de la democracia’, Dresser escribió que hasta ahora los resultados de las acciones de López Obrador han sido mixtos y a menudo, impredecibles, pero con un índice de aprobación del 65%, un mandato para la transformación y una oposición ineficaz, AMLO «ha enfrentado pocos obstáculos para cambiar el status quo».

Advirtió que una de las reformas que López Obrador no ha realizado todavía es el poner límite a su poder, y, de no hacerlo, corre el riesgo de llevar al país a un periodo de retroceso.

Hasta ahora, uno de los ejemplos de cómo la influencia de AMLO puede actuar en contra de las instituciones fue el enfrentamiento que sostuvo con la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en diciembre de 2018, apenas a unos días de haber llegado al poder, los magistrados se negaron a reducirse el sueldo como parte de las medidas de austeridad del nuevo gobierno e inició una campaña para difundir los sueldos del personal del Poder Judicial e incluso compararlos con los de ex presidentes de Estados Unidos, lo que desató un clima de animadversión en contra de esta institución.

«El objetivo del Estado moderno es restringir el poder del ejecutivo despersonalizando su uso. López Obrador, por el contrario, parece creer que su conciencia y su honor personal son suficientes barandillas para asegurar el gobierno democrático. La actitud recuerda a la presidencia imperial de México, cuando el jefe ejecutivo del país controlaba el sistema político y económico de manera omnipotente. Si el nuevo presidente continúa liderando en esta dirección, apuntalando el poder del ejecutivo mientras debilita las instituciones clave, México podría terminar con un presidente fuerte al mando de un Estado débil y disfuncional. Paradójicamente, el cambio que López Obrador habrá traído a México puede incluir convertirlo en un lugar menos moderno, menos democrático, ya que este actuar sólo debilita a las instituciones», escribió Dresser.

Observó que para cumplir con sus objetivos de sacar de la pobreza a 53 millones de mexicanos, enfrentar la seguridad, violencia y corrupción, en sólo cinco meses el presidente ha desmantelado «muchos de los controles y equilibrios que los reformadores de México han luchado por construir en las últimas tres décadas. Insiste en que las instituciones creadas durante el período neoliberal, desde aproximadamente 1982 hasta 2012, sirven para obstruir la ‘cuarta transformación'».

Para la analista política, es tiempo de obligar al presidente a controlarse, «tal es la tarea que López Obrador no ha podido abordar. El presidente no ha demostrado si delimitará su propio poder o cómo lo hará, por ejemplo, al impedir que su administración cometa abusos; sometiendo a su gobierno a las reglas, procedimientos y restricciones constitucionales; y sancionando la corrupción cuando ocurra en las filas de su propio partido».

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