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Desde el auditorio de la Vocacional 5, en la Plaza de la Ciudadela, el Consejo Nacional de Huelga (CNH) dio un manotazo en la mesa.

Desconoció como representantes de los estudiantes e interlocutores del gobierno a la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET) y al Consejo Nacional de Huelga de Estudiantes Técnicos.

El domingo 18 de agosto de 1968 Excélsior publicó la información de la conferencia sabatina y nocturna que estudiantes del CNH ofrecieron en la Voca 5, donde el conflicto estudiantil había comenzado casi un mes atrás.

Los estudiantes integrados en el CNH, se lee en la nota del reportero Jaime Reyes Estrada, se reunieron con los representantes de los medios para anunciar varias cosas.

Una de ellas fue que al martes siguiente, es decir el 20 de agosto, asistirían cientos de estudiantes a una conferencia con los diputados y senadores, en la explanada de Ciudad Universitaria.

De acuerdo con la nota informativa, los estudiantes respondieron a más de 100 preguntas de los reporteros. Todas fueron contestadas en el mismo tono:

Ni un paso atrás en las peticiones para la destitución del jefe de la policía, el general Luis Cueto Ramírez; el subjefe, Raúl Mendiolea Cerecero, derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal, que se refieren al delito de disolución social; libertad a todos los presos políticos del país e indemnización a las familias de los estudiantes muertos —dieron cinco nombres— y heridos en los pasados disturbios ocurridos en esta capital.

En la conferencia de prensa, que inició a las ocho y media de la noche del 17 de agosto, presentaron a los maestros de la Coalición de Profesores que había sido nombrados para participar en la comisión propuesta por Corona del Rosal, pero que afirmaron públicamente que no asistirían.

“Es un intento de dividir al estudiantado, puesto que la proposición no está dirigida a los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, Universidad Nacional Autónoma de México, Chapingo y demás escuelas en paro, sino solamente al director del Politécnico”, argumentaron los maestros.

El Consejo Nacional de Huelga (CNH) endureció su postura y reafirmó su dicho sobre participar en una comisión investigadora de los hechos violentos, que había propuesto el gobierno del Departamento del Distrito Federal (DDF) y que otras organizaciones estudiantiles y de maestros habían aceptado en la víspera.

El domingo 18 de agosto de 1968, en la primera plana de Excélsior se publicó la información sobre la postura de los estudiantes del CNH. Ellos seguía insistiendo en que la condición ineludible era la renuncia de los tres jefes policiacos —Luis Cueto Ramírez, Raúl Mendiolea Cererero y Alfonso Frías—, petición hecha desde los primeros días del conflicto, el 22 de julio anterior.

 En esta información, del reportero Antonio Ortega, se menciona que el CNH, con sede en Zacatenco, es uno de los tres grandes grupos de dirigentes (estudiantiles) que sostiene la huelga. Los otros eran la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET) y el Consejo Nacional de Huelga de los Estudiantes Técnicos, que sí estaban dispuestos a esas pláticas, como se publicó en Excélsior días atrás.

Esa conferencia fue aprovechada por los integrantes del CNH para puntualizar también que ellos tenían la representación de 150 mil estudiantes y que se había dado una confusión de siglas entre su Consejo y “el membrete oficialista de la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos, cuya actitud artera y criminal ha sido denunciada y repudiada por la base estudiantil”.

Por lo que hace a la Coalición de Profesores, donde confluían académicos del Poli como de la UNAM, habían acordado que el lunes 19, en una reunión plenaria, a celebrarse en la Vocacional 7, votarían a los prospectos para formar la comisión investigadora.

No obstante la aceptación a participar en la comisión propuesta por el DDF, los maestros criticaron ésta, señalando que parecía una “orden” o tutelaje de las autoridades en relación con las personas que debían “figurar en la mencionada comisión”.

Ante la presión que se ejercía a los maestros en esos momentos del Movimiento Estudiantil, en la reunión de profesores, publicada hoy hace 50 años, se explicó que no debían temer represalias por participar en la Coalición, ya que tenían el apoyo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Entre el personal docente de varias escuelas del IPN, se lee en la información de Ortega, había circulado el sábado 17 de agosto un documento, al parecer de carácter oficial, en el que el SNTE advertía a los maestros que sólo están autorizados a participar (en la Coalición) los delegados sindicales.

Entre las 100 preguntas que contestaron los integrantes del CNH estuvo la relacionada con los estudiantes supuestamente muertos que se había registrado en los enfrentamientos con granaderos y el Ejército. Dijeron que ellos habían comprobado la muerte del estudiante Joel Richard Fuentes, además de la desaparición del hermano de éste, Héctor Fuentes.

(Desde el 13 de agosto de 1968, un Comité de Lucha Estudiantil presentó una lista de desparecidos heridos y dos muertos, uno de ellos Joel Richard Fuentes y otro joven de nombre Miguel Ángel García Beteta. Además, se hacía notar que el padre de los hermanos Fuentes, Samuel Fuentes había muerto de un infarto al enterarse de la suerte de sus hijos. Este documento está actualmente en el Archivo General de la Nación).

En la misma información firmada por Ortega en Excélsior, se menciona que en la víspera del 18 de agosto, en Ciudad Universitaria se realizaron asambleas en escuelas y facultades para dar a conocer el estado del Movimiento Estudiantil, y pedir a los alumnos y maestros mayor acción: el “paro dinámico” en el que se diera información a estudiantes, padres de familia y opinión pública en general.

A su vez, la UNAM informó que la declaración pública del Consejo Universitario se encontraba en fase de revisión por parte de la Comisión Redactora, en términos de los cuales lo había adelantado Excélsior en su edición del 15 de agosto anterior.

Que, a decir, eran básicamente tres puntos:

 Respeto irrestricto a la autonomía universitaria, que se garantiza por el orden legal de la República; la observancia del artículo 16 constitucional en relación con la inviolabilidad de los recintos universitarios, y el reconocimiento de que la libertad de expresión es esencial para el cabal cumplimiento de las  funciones propias de todos los centros de enseñanza superior del país; la no intervención del Ejército y de otras fuerzas del orden público para la resolución de problemas que son de la exclusiva competencia de la Universidad y demás centros de educación superior; y la reparación de los daños materiales sufridos por los planteles universitarios, que fueron ocupados por fuerzas públicas.

En las páginas editoriales de este diario, del domingo 18 de agosto, se publicó un texto que semanalmente aparecía ahí que se llamaba Pensamiento Iberoamericano.

El texto titulado “Violencia: ¿En México por qué?” llama la atención de lo que sí ha causado “extraordinaria sorpresa” y que son, se lee en artículo “las fotografías de tropas, carros blindados y bazucas actuando en el corazón de la Ciudad de México, y el subsecuente rechazo, ya ordenado, de los estudiantes a la actuación de las autoridades, por medio de tres manifestaciones gigantescas. Con un gobierno estable y legalmente constituido, con una unión, al menos aparente, de todas las fuerzas políticas en torno del Estado, con una paz interior que es la tarjeta de presentación internacional de México y que, al parecer, le ganó la sede los Juegos Olímpicos, la lucha del Ejército con los estudiantes no sólo causa sorpresa sino estupor y conmoción”.

También hoy hace 50 años se publicó un desplegado firmado por la Unión de Choferes taxistas de Transportación Colectiva A.C. y de la Unión de Taxistas de Reforma y Ramales A.C., en el que decía que “estamos conscientes plenamente de las demandas que han planteado los estudiantes a las autoridades”.

 
 

 

 

 

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